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Para entender un poco el contexto de los que sería una Crianza sin Drama, vayamos primero a la comprensión de los conceptos mismos.
Criar, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa “educar, instruir, dirigir”. Educar entonces, según el mismo diccionario, quiere decir, “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos”.
De estos conceptos, quiero resaltar dos cosas. Primero, que la Crianza, efectivamente no tiene que ver con hacer sentir mal a los niños, o hacer usos de castigos para lograrlo. La Crianza, tiene que ver con ayudar a “desarrollar habilidades”. Y segundo, como se habrán podido dar cuenta, no cogí la palabra “perfeccionar”, como lo decía el significado de la Real Academia, y no lo tomé porque el tema de “perfección” a mi sentir, experiencia y conocimiento, va en dirección opuesta a educar emocionalmente sanos a los niños.
Educarlos en perfección, es ir en contra de ellos mismos pues no valoramos su ser único y auténtico, les imponemos nuestro control, les damos cargas que no les corresponden, además de culpas, si se salen del marco que les imponemos, yendo en contra de su propia identidad y del fortalecimiento de su autoestima. Entonces dejemos el tema de perfección por fuera del significado que queremos resaltar.
Crianza entonces podemos entenderlo como “desarrollar habilidades intelectuales y morales del niño”, es decir, tiene que ver con enseñanza. Crianza es educar y educar es enseñar, y en este caso entonces, enseñar habilidades. Pero ¿cómo lo estamos haciendo? Usualmente, se ha vinculado el tema de educar a hacer sentir mal a los niños cuando se comportan mal, y nos da miedo que nuestros niños se vuelvan “malcriados” o hagan pataletas, y cuando esto sucede viene el castigo. En otras palabras, educamos con base en el castigo que como dirían muchos, “funcionó conmigo y no me traumaticé”, es decir, queremos hacer sentir mal a los niños para que entiendan lo que sería un comportamiento no adecuado.
Recuerdo entonces aquí la frase de Jane Nelsen, de Disciplina Positiva: “De dónde sacamos la loca idea, que para hacer que los niños se comporten bien, primero tenemos que hacerlos sentir mal”. ¡Y es así, tal cual! Como nosotros “salimos bien de eso” ¿Por qué no repetirlo? La pregunta sería, ¿Cómo lo viviste? ¿Qué mensajes te llegaron de tus padres y de ti en ese momento? ¿Si existiera la forma de hacerlo, en donde lograras interpretar eso de una manera más positiva contigo mismo y con la relación de tus padres, lo harías?
Si la respuesta es “SI”, ¡no es tarde para empezar a entenderlo y hacerlo! Criar no debe ser una batalla diaria con nuestros niños, educarlos es un proceso de aprendizaje conjunto con la particularidad que cada uno de ellos y ellas tiene, con sus ritmos de aprendizaje, validando siempre su sentir, su ser, generando esa conexión emocional con ellos.
El castigo solo frena la conducta del momento, y de hecho lo hace por intimidación, no porque el niño o niña esté entendiendo por qué debe o no hacer algo, es decir, no estamos educando a largo plazo y sí deterioramos la relación con nuestro hijo o hija. El castigo sólo crea rebeldía, rechazo, retraimiento, es decir, ¡nada bueno! ¿Así que, por qué lo seguimos haciendo? ¡Cuando algo no funciona, lo mejor es dejar de hacerlo! ¡Ser flexibles al mostrar que no siempre tenemos la razón, y buscar una manera en donde mi hijo o hija realmente entienda el porqué de las cosas!
Daniel Siegel y Tina Bryson, en su Libro Disciplina sin Lágrimas, dicen: “Disciplinar, no es castigar”, “más bien es crear una disciplina relacional con poco drama, en donde se estimula la cooperación y se desarrolla el cerebro del niño”.
Desde esta perspectiva, Siegel y Bryson plantean argumentos que quiero resaltar también. Piensa por un momento, “¿Quieres construir la relación con tu hijo o dañarla? ¿Quieres que el comportamiento inadecuado disminuya, o aumente?”
Si hablamos de Disciplina Relacional, debemos enfocarnos en la relación que estamos construyendo con los niños, no en mantenernos como los adultos que desean tener el control de una pataleta por intimidación, pero sin conexión con los sentimientos del niño.
Siegel plantea argumentos que hoy en día aplico en mi experiencia relacional con los niños, y de la que me he dado cuenta, así como cuando inicié mi práctica en Disciplina Positiva hace 6 años: Primero conectamos, ¡luego redirigimos! Primero valido los sentimientos de los niños, genero empatía con ellos, y luego si le muestro la lección de vida, añadiendo búsqueda de soluciones.
Desde la postura y hermoso entendimiento de Siegel, podemos entender que una disciplina efectiva, viene desde lo que él llama, un “Cerebro Pleno”, en donde pienso en generar cooperación de la conducta en el corto plazo, pero a la vez ayudo a desarrollar conexiones en el cerebro de los niños, haciéndolos pensar sobre las cosas, generando autocontrol y brújula moral a largo plazo. En otras palabras, validamos el sentir para generar cooperación en el ahora, pero a la vez, hacemos apertura a la reflexión de la situación para que los niños construyan su cerebro para el futuro.
Según Siegel “¡La relación triunfa sobre cualquier conducta!” y estoy totalmente de acuerdo, lo he validado en mi experiencia personal e intento dar ese mensaje a las familias! Si tenemos una relación sana, de respeto mutuo con nuestros niños, en donde escuchamos sus sentimientos, preocupaciones, alegrías y retos, y somos constantes en amor con ellos, pese a si triunfan o fracasan, o si actúan de una forma u otra, pero en donde ellos también saben que tenemos límites y acuerdos claros, donde se considera el bienestar de todos, la relación padre-hijo, ¡se vuelve mucho más poderosa que cualquier situación difícil!
¡Te animo a descubrir entonces, qué tipo de relación deseas construir con tu hijo o hija! ¡Nunca es tarde para empezar!
Psi. Diana Coronado
Psicóloga, Máster en Terapia Familiar y de Pareja con Enfoque Sistémico
Certificada en Disciplina Positiva Padres y Maestros
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Bienvenidos a este segundo video de nuestro espacio «Construyendo Diálogos» en familia. El día de hoy queremos conversar sobre esas creencias que sin querer movilizan nuestras acciones en familia, y son los «rótulos» que creemos tienen nuestros hijos de nosotros mismos y que nos atan a actuar de una u otra manera.
Ampliando esta perspectiva, si siento que mi hijo me tiene como el «Consentidor«, dejo que mi pareja se encargue de poner los límites con mi hijo, por temor a cambiar la imagen que él o ella tenga de mi. O si por el contrario, soy el padre «Autoritario«, no demuestro mucho afecto, por temor a perder validez y respeto.
La idea en esta ocasión, es que por medio de una metáfora del «Menú Saludable«, cada uno de ustedes, con su pareja e hijos, construyan la «Receta» que les funciona mejor como familia, ¿qué ingredientes le pondrían? ¿cuánta dulzura? ¿cuanto picante? ¿qué cantidades o cucharadas de agridulce? Reconocer el balance saludable de sus familias para actuar en coherencia y que todos sean partícipes de un lenguaje de amor, limites, respeto, dulzura, un toque picante y muchas sonrisas!
Juanita Pérez, Arte Terapeuta, Co Fundadora Fundación Villa Ananda, Facilitadora Pedagogía Asiri, Certificada en Disciplina Positiva.
Psi. Diana Coronado, Psicóloga, Artista Plástica, Máster en Terapia Familiar Sistémica, Certificada en Disciplina Positiva.
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Los invitamos a ver desde ahora una serie de videos que hemos preparado con Juanita Pérez, Arte Terapeuta y Co Fundadora de Fundación Villa Ananda. Juntas, nos certificamos en Disciplina Positiva para Padres y Maestros desde el 2014, y desde hace más de 6 años hemos trabajado con familias en contexto terapéutico. Somos grandes amigas desde la Universidad y fieles creyentes de la labor en colaboración, con y hacia las familias.
Estamos trabajando ahora, para entregarles información que pueden nutrir sus dinámicas familiares y personales, acogiendo lo que consideren, ya que sabemos y somos conscientes que cada quien es un ser individual y construye sus experiencias desde su propia historia y creencias. Este es un espacio que hemos denominado «Construyendo Diálogos« con familias, porque si bien les hablamos a ustedes, estamos abiertas a sus comentarios y percepciones, y adicionalmente estaremos haciendo unos «Life» en Instagram y Facebook para poder conversar.
En esta primera ocasión les queremos hablar sobre la pregunta de ¿Mis hijos antes que mi pareja, o mi pareja antes que mis hijos?
Al tener hijos, solemos pensar en ponerlos en primera instancia porque es el mandato familiar, sin embargo, desde la experiencia, nos hemos dado cuenta que esto NO debe ser así, debe haber una escala de cuidado para que sea funcional, armoniosa, asertiva, si no, ¿por qué en los aviones la instrucción es ponerse primero la máscara de oxígeno el adulto antes que el niño? Esto no es antagónico del sentido del cuidado al otro, es todo lo contrario, si no aseguro mi supervivencia, ¿quien cuida entonces de mi hijo? De hecho, la mayoría de personas que acuden a sesiones de terapia por razones de síntomas de ansiedad, angustia, depresión, o trastornos de personalidad, es precisamente por no cuidarse a sí mismos, por haberse olvidado que nutrir su bienestar y ponerse al final de su propia escala de cuidado.
En este sentido, nisiquiera pensar en mi pareja antes es funcional. En realidad la escala de cuidado debe ser primero YO, me conecto conmigo mismo, con mis necesidades, con mi espiritualidad; Segundo, me conecto con el otro, en este caso, con mi pareja, entro en una dinámica de escucha, de acuerdos, de rutinas y trabajo en equipo. En tercer lugar, me encuentro con mi hijo, para apoyarlo en equipo con mi pareja, le entregamos a nuestro hijo desde el ejemplo del respeto, del amor, del los limites con firmeza y amabilidad, no antes. Y finalmente, me encuentro con mi trabajo, para entregar desde lo que aprendo de mí misma, nutriendo mis dinámicas relacionales y sacando adelante los diferentes contextos que me hacen el ser que soy.
Y no olviden las diferentes formas de amar para entregar en conexión con los otros!
Juanita Pérez, Arte Terapeuta, Co Fundadora Fundación Villa Ananda, Facilitadora Pedagogía Asiri, Certificada en Disciplina Positiva.
Psi. Diana Coronado, Psicóloga, Artista Plástica, Máster en Terapia Familiar Sistémica, Certificada en Disciplina Positiva.
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¿Tenemos el poder del control? Cuando lo pensamos seguramente diríamos que no. Sin duda muchas cosas, o mejor, la mayoría esta por fuera de lo que podemos controlar: Lo que piensan o sienten los demás, las leyes o normas del lugar donde vivimos o donde trabajamos, el tiempo, el tráfico, el clima; en fin, la lista sería bastante larga!
En realidad nuestra noción de control está ligada a nuestro sentido de bienestar. Entonces, ¿tener el control de todas estas cosas nos haría sentir mejor? ¿Más seguros? ¿Realmente dependemos de estos factores externos para sentirnos tranquilos?
La respuesta es no. Estos ejemplos son sólo una dimensión enmascarada de nuestra tranquilidad. Ninguna persona necesita necesariamente tener el control sobre el tráfico, lo que nos afecta es lo que significa el tráfico en un día o momento particular; tampoco necesitamos tener control sobre lo que sientan o puedan pensar las personas, nos afecta es el poder que le damos a terceros sobre nuestro propio sentir; en otras palabras, el poder del control sólo se encuentra en nosotros mismos, y depende únicamente del significado que algo pueda tener en un momento particular.
Lo importante es a lo que decidamos darle fuerza en nuestra vida! A continuación te diré 4 cosas sobre las que realmente tenemos control:
Si tienes la capacidad de perdonar y perdonarte, lograrás dar segundas oportunidades, recuerda que nadie, ni tú eres perfecto! Al dar segundas oportunidades, hallarás la manera de generar formas más funcionales de vivir, de hacer, de producir significados positivos sin caer en dinámicas que no te favorezcan; y finalmente, iniciar historias que te llenen de tranquilidad a partir de tu sentir y la tu propia potencia de vivir, no a partir de agentes externos, de los que sin duda, no tenemos control!
Recuerda que tu vida siempre está en tus manos!
Tengan un buen día!
Psi. Diana Coronado, Terapeuta Familiar.
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¡Actúa, no hables! Alguna vez has escuchado la manera como los padres corrigen a sus hijos en Centros Comerciales, Parques, Restaurantes, Tiendas…, seguramente si lo haces te darás cuenta de la cantidad de palabras inútiles que se suelen decir, argumentando con explicaciones interminables su posición sobre cómo hacer las cosas, sin medir las palabras con sus hijos ni el tono en el que les hacen comprender las cosas. Es un buen ejercicio para autoevaluarse y observarse, ver cuánto sobra y la información que definitivamente no llega a los niños, porque sencillamente no tienen su atención.
Muchos de los problemas entre padres e hijos pequeños, serian de más fácil solución si tan sólo los padres decidieran actuar más en lugar de extender explicaciones.
Sin saberlo, los padres dan cierto poder a los niños con las palabras “Haz esto”, “No olvides aquello”, “No hagas lo otro”, generando una pausa de escucha en sus hijos y haciendo que éstos dejen de lado la petición de sus padres. Algo que los rotula como “desjuiciados, necios o rebeldes”, sin saber que en muchas ocasiones son sus padres quienes no encuentran las formas de crianza adecuadas para relacionarse con sus hijos.
Siempre y cuando sea con respeto y amabilidad, está bien simplemente tomar silencio, extender la mano y dirigirlos hacia donde necesitamos, es decir, en lugar de pedirles mil veces que hagan “aquello”, o se “queden quietos”. ¡Actúa, no hables! Lo mejor es callar, en ocasiones incluso cerrar los ojos, esperar a que se calmen, bajar a su altura, hacer contacto visual y decirles UNA VEZ lo que usted necesita de ellos. Si persiste la conducta, el mantener silencio hará que se den cuenta que usted no atiende en momentos en los que ellos no van a escucharle, progresivamente comprenderán que deben poner atención cuando los padres desean comunicarles algo.
Los niños notan las diferencias del comportamiento de los padres y van respondiendo a ello.
De la misma manera, al hablarle a sus hijos, es clave ser claro y preciso, sin entregarle el poder de la acción. En otras palabras, no decir “¿quieres venir a la mesa a comer?”, “¿quieres ordenar tu cuarto?”; es mejor decir, “es momento de comer”, “es hora de ordenar nuestras cosas”, “cada vez que alguien ensucie un plato, se encargará de lavarlo”, son maneras de expresión en donde no hay brecha de debate pues son las normas de casa y como familia todos colaboran en tener las cosas de manera adecuada.
Cuando surge la argumentación, mantener silencio es una herramienta importante, esperar que se calmen, mencionar una sola vez lo que necesitamos de ellos de forma clara y concisa, y volver al silencio para no reforzar pataletas.
Siempre la amabilidad y el respeto deben encabezar nuestras relaciones!
Psi. Diana Paola Coronado M., Terapeuta Familiar.
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Si tu hijo está convencido que es «insuficiente» y te has preguntado ¿Qué puedo hacer para ayudarlo? ¡Te daré algunos consejos para tener en cuenta!
Generalmente pensamos que la autoestima es algo que los niños construyen por sí mismos, y en parte es así, sin embargo, la creencia y comportamiento de los padres hace parte de esa construcción de imágenes que los niños van haciendo de sí mismos en los diferentes contextos en los que se mueven; los padres tienen gran influencia en las decisiones inconscientes de sus hijos.
La forma de comunicarte con tus hijos verbal y no verbalmente es relevante, tus acciones hablan, tu cuerpo habla, el tono con el que te diriges y las palabras que usas, ayudan a los niños a crear decisiones sanas o insanas de ellos mismos.
¿Cuándo generan una sana autoestima?
Cuando los padres demuestran con hechos y palabras que confían en las capacidades de sus hijos, ofreciéndoles posibilidades de experimentar dichas capacidades.
Cuando se les permite participar de ciertas decisiones al ser niños; decisiones que les deja saber que contribuyen en las tareas de familia.
¿Cuándo generan una autoestima insana?
Cuando tienen la creencia de que no son los suficientemente buenos y deben cambiar para ser aceptados en la familia o en un grupo social.
Cuando los padres se vuelven sobreprotectores, hacen demasiado por ellos y no les permiten decidir ni pensar en opciones para sí mismos, ni mucho menos demostrarse de qué son capaces.
Cada padre piensa, siente y actúa con sus hijos como los seres más maravillosos, pero NO olvidemos que lo más importante es ¡lo que ellos sienten que es su propia verdad!
Algunas ideas para poner en práctica:
¡Observa tus propias actitudes y aprende a confiar en tus hijos!
Psi. Diana Paola Coronado M., Terapeuta Familiar.
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Más allá del indicador de la edad, hay ciertas formas de relacionarse en familia que nos hacen saber que tenemos un adolescente en casa. Por ejemplo, ¿alguna vez se percató que su hijo o hija no quería ser visto con usted en la calle y al día siguiente lo ve abrazándolo amorosamente para pedirle un favor? ¿O acaso se dio cuenta que tenía un adolescente cuando descubrió que “ignorante” o “fastidioso” era su nuevo apodo?
De la misma manera, se dará cuenta cuando reflexione sobre su sentir y se escuche quejándose con frases como: “No tiene remedio”, “No escucha nada de lo que le digo”, “Solo se ocupa de sus amigos o de perder el tiempo”, “No sabe ni dónde está parado”, “No sabe lo que quiere”, “No soporto su nuevo peinado, la manera como se está vistiendo, la música que escucha”, “No valora el dinero, lo malgasta”, “Me trata como si no existiera”. O finalmente, escucha a su hijo diciéndole: “Me tratan como si fuera un niño”, “No confían en mí”, “Tratan de vivir mí vida, sólo quieren controlarme”, “Nunca están satisfechos”, “¿Por qué no me dejan en paz?”
Quizás no todas las frases apliquen para su caso particular, pero al menos ha escuchado algunas de las anteriores, o se ha visto quejándose con el sentir de algunas. Cabe aclarar que no todos los adolescentes son iguales, viven experiencias diferentes y han tenido historias de vida distintas que los hacen a la vez reaccionar en base a esto.
A menudo los padres ven a sus hijos adolescentes y les invade un sentimiento de impotencia, o frustración, no saben qué desean sus hijos, cómo acercarse a ellos, cómo hablarles. Es posible que se sienta entonces desorientado, perdido, incluso enojado. Sin embargo, si usted pudiera simplemente tomar aire y recordar que es este el momento en que los seres humanos están intentando descubrir lo que piensan, y lo que sienten, podría darse la oportunidad de disfrutarlos desde su esencia, no desde sus falencias. Si se enfoca en esta nueva actitud de curiosidad hacia ellos, en lugar de imposición y desconfianza, aprenderá a ser guía para la vida, no de represión por una acción momentánea.
Algo importante a rescatar es que si usted se queda bajo la idea que sus hijos adolescentes continuarán comportándose de esta manera el resto de sus vidas, cargará consigo, una gran ansiedad que no lo llevará a ningún lado, y más aún, es claro que sus hijos actúan así es porque no han terminado de crecer, se encuentran en su periodo de individualización, y por lo mismo es ¡algo temporal! Y durará el tiempo que tarden en descubrir quiénes son, qué quieren para sí mismos, y cómo pasar a una edad adulta.
Conforme sus hijos atraviesan de la niñez a la adolescencia, y de ésta a la adultez, su tarea será esa individualización, en otras palabras, necesitan saber qué tan distintos son del resto de los miembros de su familia, cómo se sienten sobre ellos, qué piensan de las cosas del mundo, de las personas, fortalecer sus criterios y sus propios valores. Por eso papás, no nos quedemos con la perspectiva negativa del adolescente, seamos guías con amabilidad, firmeza y basándonos en un respeto mutuo y escucha.
Psi. Diana Paola Coronado M., Terapeuta Familiar.
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El castigo no es una forma efectiva para obtener resultados positivos en nuestros hijos, y mucho menos es algo que les enseñe a largo plazo, el castigo no enseña, lastima!
Pero entonces, ¿por qué los padres continúan con la idea que realmente funciona? La respuesta común es “¡a mí me criaron así y aquí estoy!”. Creen que funciona y que están “formando” a sus hijos, evitando que se “salgan con la suya”, algo que sin saberlo, sólo es un alivio como padres, pues calma el enojo y la frustración, sentimientos que se derivan de la impotencia por no conocer otras formas de hacerlo, pero no le enseña nada a nuestros niños, sólo a obtener atención de una forma inadecuada.
Por alguna razón los padres están “sintonizados” en la idea que los niños necesitan sufrir para aprender, así no se pierde la sensación de control, pero es algo que sólo sucede momentáneamente, pues los niños son los que tienen el control de la situación, y no están interiorizando qué es lo que hicieron mal, asumen que sus padres se disgustaron con ellos, y no alcanzan a comprender por qué muchas veces son castigados por la misma razón. Así, continuamente volvemos a temas no resueltos que terminan en pataletas o berrinches, deteriorando progresivamente el vínculo con ellos y obviando lo esencial, que es disfrutar al máximo el tiempo que compartimos con nuestros hijos!
Algo importante es el SENTIR! Cuando los niños sienten que sus padres están molestos con ellos, responden de la misma forma, y empeoran su comportamiento. Para generar disciplina en nuestros hijos, lo primero a tener en cuenta es proporcionar afectividad y firmeza al mismo tiempo, ser capaz de bajarse al nivel del niño y preguntar con respeto qué le sucede, generar empatía, escuchar desde su sentir y dar a conocer el sentir propio, generar opciones, negociar o plantear soluciones respetuosas según el sentir de ambas partes. Es importarte enseñar a los niños que su conducta afecta a los demás, y así mismo, que sentirse de cierta forma en una situación particular no es razón para evitar enfrentarla, todo basado en un mutuo respeto y escucha!
Por eso papás…no tomemos el camino fácil como el castigo, esperemos un tiempo de enfriamiento, y acerquémonos desde un sentir sincero, escuchando y preguntando, generando respeto mutuo a partir de nuestro propio actuar!
Psi. Diana Paola Coronado M., Terapeuta Familiar.
Certified Positive Discipline Parenting Educator, Certified Positive Discipline in the Classroom
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Motivación y confianza, es lo único que necesitas para diferenciarte del resto, de los que no creen, de los que no vieron unir sus puntos cuando retoman su pasado y construyen su día a día.
Este video, no sólo te ofrece motivación, sino que te muestra la realidad que puede partir sólo de lo más preciado, de ti mismo!Este video te muestra la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre el creer y el hacer!
Adelante!
Psi. Diana P. Coronado.
Fuente. autoayudapractica.com
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El chico se llamaba Alfonso y acudía hacía varios meses al hospital día. Padecía de esquizofrenia y no hablaba mucho, pero tenía esa sensibilidad especial para comprender las cosas de las personas que lo han pasado mal en algún momento de su vida. En una de las terapias de grupo, un paciente se quejaba de una recaída en los síntomas depresivos:
“No sé qué es lo que pasa. Si ya me encontraba bien. ¿Por qué de repente vuelvo a tener ganas de llorar, me cuesta levantarme por las mañanas…? ¡No lo entiendo! ¡No es justo!”.
Los demás se esforzaban en quitarle importancia: “No te preocupes, es un pequeño bajón ya verás cómo enseguida se te pasa…”. Pero fue Alfonso el que dijo algo distinto:
“Si estás mal, es porque vas bien… –Todos se quedaron un poco sorprendidos. Y entonces siguió.– Siempre que mejoras en algo hay un momento en el que das un paso atrás. Retrocedes. Es normal. Es lo que yo llamo el retroceso del progreso. Significas que estás haciendo las cosas bien, que sigues mejorando”. Y luego volvió a su silencio habitual.
Esta semana llamó Laura. Estaba llorando, porque le habían vuelto a dar una crisis de ansiedad. Llevaba varias semanas sin que le sucediera y se ha asustado pensando en que recaía de nuevo. La crisis había sido corta pero había tenido un fuerte impacto en ella. Significaba que aunque pensaba que iba mejor, no era cierto y que volvía a estar como al principio del tratamiento.
Se quitó importancia, como se hizo entonces en aquella terapia de grupo, pero en ese momento las palabras de Alfonso volvieron a la memoria y salieron de manera natural con ella:
“Laura, si has recaído un poco es que las cosas están yendo bien. Cada vez que mejoramos hay altibajos, pequeños baches o recaídas, llámalo como quieras. Es una parte natural e imprescindible de crecer, de desarrollarnos. Y aunque nos asuste, tan solo significa que las cosas están progresando. La crisis que has tenido ha sido más pequeña y has sabido controlarla muy bien. No le des un valor que no tiene. Acéptala como un paso más en el camino para seguir adelante.”
Y a Laura le han servido más estas palabras de aceptación, que todo el consuelo que se le ofrecía antes.
Por supuesto que hay situaciones en las que recaemos en una enfermedad, en un comportamiento negativo para nosotros (como puede ser una adicción) o en cualquier otra circunstancia, y debemos darle toda la importancia que tiene. No hablamos ahora de eso.
Hablamos de que en todo proceso de mejoría o crecimiento hay altibajos, nunca es una línea ascendente. Esos “baches” son naturales y casi se diría que necesarios.
Siempre recuerdo a mis pacientes que van mejorando:
En algún momento vas a recaer un poco. Cuando llegue, no te asustes. Acéptalo y piensa, “así que aquí está el pequeño bache. Reaparecen un poco los síntomas o los comportamientos que una vez estuvieron conmigo. No pasa nada, ya lo esperaba. Es… el retroceso del progreso”.
A veces los síntomas que una vez estuvieron con nosotros tan solo se asoman un poco para despedirse, antes de que los dejemos atrás para siempre…
Dr. Iñaki Vásquez
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