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Por Michael Friedman, L.M.S.W.
Profesor Asociado, Escuela de Trabajo Social y Salud Pública, Columbia University.
Publicado: 2012.06.06. HuffPost Healthy Living.
Artículo tomado y traducido desde: http://www.huffingtonpost.com/michael-friedman-lmsw/art-mental-health_b_1562010.html
He aquí una observación obvia: hacer arte (ya sea música, pintura, escritura, danza, lo que sea), puede contribuir enormemente al bienestar psicológico. Recientemente, dije esto a un músico de jazz maravilloso que conozco, y de inmediato respondió: “¿Entonces por qué estoy tan jodido?” Era una buena respuesta y lo dije. Pensó un segundo y luego dijo: “Pero sin la música estaría mucho más jodido de lo estoy, no tendría lo que me da más felicidad en mi vida”.
Claramente, el arte no es la mayor fuente de felicidad en la vida de todos, pero es una gran fuente de felicidad para muchas personas. Y teniendo en cuenta la creencia común de que la locura y la creatividad están vinculadas, vale la pena señalar que si la enfermedad mental contribuye al arte (tengo dudas), el arte puede contribuir indudablemente a la salud mental.
Hay dos dimensiones de esta. El arte puede ser una fuerza curativa para las personas con trastornos mentales, incluyendo las personas con demencia, y también el arte puede contribuir al bienestar psicológico de las personas, independientemente de si tienen o no un trastorno mental.
¿En qué puede contribuir el Arte?
En su reciente libro, Florecer, Martin Seligman (a menudo considerado como el padre de la psicología positiva), sostiene que hay cinco elementos críticos de bienestar psicológico: “emociones positivas”, “compromiso”, “logro”, “relaciones positivas”, y “significado “. En términos simples, vivir bien consiste en sentirse bien con la vida, tener algo que hacer y sumergirse en eso, llegar a ser lo suficientemente bueno en algo para tomar un poco de orgullo en él, tener gente en tu vida que te importe y que se preocupen por ti, y sentirse conectado con algo que te lleve más allá de ti mismo, como la familia, la comunidad, el trabajo, etc.
Está claro, creo, que el arte puede ofrecer cada uno de estos elementos de bienestar. Obviamente, las personas que hacen arte disfrutan hacerlo, no siempre, pero por lo general. También se sumergen en él, pasan horas escribiendo, pintando, bailando, y así sucesivamente. El tiempo parece desaparecer, es suspendido. Gran parte del tiempo dedicado a trabajar en el arte, es la práctica, en lugar del descubrimiento creativo (la transpiración más que inspiración), y la práctica, por supuesto, es esencial para el desarrollo de habilidades, que en sí es un motivo de gran satisfacción. El arte también conecta a la persona con otros artistas y con el público. Eso al menos puede ser una fuente de amistades importantes. El arte también conecta al artista con un campo del arte, con una historia y un lenguaje que va más allá de lo que cualquier artista individual lo hace. Hacer arte no tiene significado sólo para el individuo lo hace, sino también para una sociedad, una cultura.
El arte también ayuda a las personas para conectarse y lidiar con sus emociones. El arte puede ayudar a una persona a alcanzar las partes inconscientes de las dimensiones de la mente y las experiencias enterradas y sin voz. También puede ayudar a una persona a manejar las emociones que son, para usar una palabra de TS Eliot, “indisciplinadas”, y por lo tanto, incapaz de expresarse. A través de las artes la gente puede encontrar voces para expresar las dimensiones del ser que por lo general quedan en silencio. Y a través del arte, la gente puede formar su propia identidad. El arte no es sólo la auto-expresión, sino también la auto-creación.
Hay otro elemento de bienestar psicológico (experiencias de dimensiones de la vida que van más allá de lo ordinario). Jonathan Haidt, autor de la Hipótesis de la felicidad, se refiere a esto como “la divinidad” o “santidad”, términos que a mí, me parecen un poco demasiado religioso. Yo prefiero la idea de experiencias “trascendentes”, que pueden ser espirituales, estéticas o morales. Estas son experiencias que elevan a una persona más allá de las cualidades brutales y monótonas de la mayor parte de la vida humana. Si lo llamamos: “divina”, “sagrado”, “trascendente”, o algo más, no importa. Las experiencias tienen gran importancia.
El arte es una fuente de experiencia trascendente, no la única, pero una muy importante. Arthur Danto – un filósofo y crítico del arte – se refiere a la capacidad trascendente del arte como la “transfiguración del lugar común”. Con esto quiere decir que el arte de alguna manera se convierte en algo que va mucho más allá de la obra de arte o el producto. Su ejemplo es Andy Warhol con las latas de sopa Campbell, que de alguna manera transmiten una forma de importancia más allá de su superficie visual. Algunos de nosotros, por supuesto, no somos capturados por el Arte Pop, pero todo el mundo que aprecia algún tipo de arte, experimenta algo poderoso, importante e inspirador.
Las contribuciones que el arte puede hacer para el bienestar psicológico a través del disfrute, de la inmersión, del desarrollo de la habilidad, de la revelación y de la expresión de las emociones, de la formación del yo, de las conexiones con la gente y una cultura, y del potencial de la experiencia trascendente, se aplican tanto a las personas sin trastornos mentales y aquellos con trastornos mentales. Para ellos, el arte puede tener un impacto de gran sanación.
Todo esto tiene enormes implicaciones para la forma en que se puede construir una vida satisfactoria para nosotros y para nuestros hijos, y también sugiere que debe haber una agenda pública de salud mental que no se limita al tratamiento de las enfermedades mentales, sino que también aborda el potencial humano para vivir bien.
Referencias:
[1] Seligman, Martin. Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-Being. Free Press. 2011.
[2] Haidt, Jonathan. The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom. Basic Books. 2006.
[3] Danto, Arthur. The Transfiguration of the Commonplace: A Philosophy of Art. Harvard University Press. 1981.
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