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Para entender un poco el contexto de los que sería una Crianza sin Drama, vayamos primero a la comprensión de los conceptos mismos.
Criar, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa “educar, instruir, dirigir”. Educar entonces, según el mismo diccionario, quiere decir, “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos”.
De estos conceptos, quiero resaltar dos cosas. Primero, que la Crianza, efectivamente no tiene que ver con hacer sentir mal a los niños, o hacer usos de castigos para lograrlo. La Crianza, tiene que ver con ayudar a “desarrollar habilidades”. Y segundo, como se habrán podido dar cuenta, no cogí la palabra “perfeccionar”, como lo decía el significado de la Real Academia, y no lo tomé porque el tema de “perfección” a mi sentir, experiencia y conocimiento, va en dirección opuesta a educar emocionalmente sanos a los niños.
Educarlos en perfección, es ir en contra de ellos mismos pues no valoramos su ser único y auténtico, les imponemos nuestro control, les damos cargas que no les corresponden, además de culpas, si se salen del marco que les imponemos, yendo en contra de su propia identidad y del fortalecimiento de su autoestima. Entonces dejemos el tema de perfección por fuera del significado que queremos resaltar.
Crianza entonces podemos entenderlo como “desarrollar habilidades intelectuales y morales del niño”, es decir, tiene que ver con enseñanza. Crianza es educar y educar es enseñar, y en este caso entonces, enseñar habilidades. Pero ¿cómo lo estamos haciendo? Usualmente, se ha vinculado el tema de educar a hacer sentir mal a los niños cuando se comportan mal, y nos da miedo que nuestros niños se vuelvan “malcriados” o hagan pataletas, y cuando esto sucede viene el castigo. En otras palabras, educamos con base en el castigo que como dirían muchos, “funcionó conmigo y no me traumaticé”, es decir, queremos hacer sentir mal a los niños para que entiendan lo que sería un comportamiento no adecuado.
Recuerdo entonces aquí la frase de Jane Nelsen, de Disciplina Positiva: “De dónde sacamos la loca idea, que para hacer que los niños se comporten bien, primero tenemos que hacerlos sentir mal”. ¡Y es así, tal cual! Como nosotros “salimos bien de eso” ¿Por qué no repetirlo? La pregunta sería, ¿Cómo lo viviste? ¿Qué mensajes te llegaron de tus padres y de ti en ese momento? ¿Si existiera la forma de hacerlo, en donde lograras interpretar eso de una manera más positiva contigo mismo y con la relación de tus padres, lo harías?
Si la respuesta es “SI”, ¡no es tarde para empezar a entenderlo y hacerlo! Criar no debe ser una batalla diaria con nuestros niños, educarlos es un proceso de aprendizaje conjunto con la particularidad que cada uno de ellos y ellas tiene, con sus ritmos de aprendizaje, validando siempre su sentir, su ser, generando esa conexión emocional con ellos.
El castigo solo frena la conducta del momento, y de hecho lo hace por intimidación, no porque el niño o niña esté entendiendo por qué debe o no hacer algo, es decir, no estamos educando a largo plazo y sí deterioramos la relación con nuestro hijo o hija. El castigo sólo crea rebeldía, rechazo, retraimiento, es decir, ¡nada bueno! ¿Así que, por qué lo seguimos haciendo? ¡Cuando algo no funciona, lo mejor es dejar de hacerlo! ¡Ser flexibles al mostrar que no siempre tenemos la razón, y buscar una manera en donde mi hijo o hija realmente entienda el porqué de las cosas!
Daniel Siegel y Tina Bryson, en su Libro Disciplina sin Lágrimas, dicen: “Disciplinar, no es castigar”, “más bien es crear una disciplina relacional con poco drama, en donde se estimula la cooperación y se desarrolla el cerebro del niño”.
Desde esta perspectiva, Siegel y Bryson plantean argumentos que quiero resaltar también. Piensa por un momento, “¿Quieres construir la relación con tu hijo o dañarla? ¿Quieres que el comportamiento inadecuado disminuya, o aumente?”
Si hablamos de Disciplina Relacional, debemos enfocarnos en la relación que estamos construyendo con los niños, no en mantenernos como los adultos que desean tener el control de una pataleta por intimidación, pero sin conexión con los sentimientos del niño.
Siegel plantea argumentos que hoy en día aplico en mi experiencia relacional con los niños, y de la que me he dado cuenta, así como cuando inicié mi práctica en Disciplina Positiva hace 6 años: Primero conectamos, ¡luego redirigimos! Primero valido los sentimientos de los niños, genero empatía con ellos, y luego si le muestro la lección de vida, añadiendo búsqueda de soluciones.
Desde la postura y hermoso entendimiento de Siegel, podemos entender que una disciplina efectiva, viene desde lo que él llama, un “Cerebro Pleno”, en donde pienso en generar cooperación de la conducta en el corto plazo, pero a la vez ayudo a desarrollar conexiones en el cerebro de los niños, haciéndolos pensar sobre las cosas, generando autocontrol y brújula moral a largo plazo. En otras palabras, validamos el sentir para generar cooperación en el ahora, pero a la vez, hacemos apertura a la reflexión de la situación para que los niños construyan su cerebro para el futuro.
Según Siegel “¡La relación triunfa sobre cualquier conducta!” y estoy totalmente de acuerdo, lo he validado en mi experiencia personal e intento dar ese mensaje a las familias! Si tenemos una relación sana, de respeto mutuo con nuestros niños, en donde escuchamos sus sentimientos, preocupaciones, alegrías y retos, y somos constantes en amor con ellos, pese a si triunfan o fracasan, o si actúan de una forma u otra, pero en donde ellos también saben que tenemos límites y acuerdos claros, donde se considera el bienestar de todos, la relación padre-hijo, ¡se vuelve mucho más poderosa que cualquier situación difícil!
¡Te animo a descubrir entonces, qué tipo de relación deseas construir con tu hijo o hija! ¡Nunca es tarde para empezar!
Psi. Diana Coronado
Psicóloga, Máster en Terapia Familiar y de Pareja con Enfoque Sistémico
Certificada en Disciplina Positiva Padres y Maestros
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Video: Será que mi hijo no me entendió?
Les presentamos el tercer video de «Construyendo Diálogos» con familias, en esta ocasión, hablando sobre entender realmente qué es lo que comprende mi hijo cuando le hablo, y qué debo hacer para conectarme con él o ella cuando no actúa como lo esperamos! Los niños actúan desde «Creencias Equivocadas» que hablan de su sentir, la acción es sólo el síntoma, las acciones que vemos de ellos realmente reflejan lo que están sintiendo, y por lo mismo en ocasiones podemos pensar que no nos escuchan.
¿Cómo conectarme con ellos NO a partir de un rótulo, sino a partir de su sentir real…desde su creencia?
Cuando nos conectamos desde el sentir del niño/a, y no desde lo que creo o asumo que me entiende por un rótulo que le doy, nos aseguramos que sus respuestas sean conscientes, en donde realmente aprendan de las situaciones y busquen soluciones, empoderándose en resolver lo que les confronta. Cada día es un reto, pero paso a paso mutuamente aprendemos con ell@s!
@psi.dianapcoronado
WhatsApp. 3124571240
Juanita Pérez
@villa_ananda
Bienvenidos a este segundo video de nuestro espacio «Construyendo Diálogos» en familia. El día de hoy queremos conversar sobre esas creencias que sin querer movilizan nuestras acciones en familia, y son los «rótulos» que creemos tienen nuestros hijos de nosotros mismos y que nos atan a actuar de una u otra manera.
Ampliando esta perspectiva, si siento que mi hijo me tiene como el «Consentidor«, dejo que mi pareja se encargue de poner los límites con mi hijo, por temor a cambiar la imagen que él o ella tenga de mi. O si por el contrario, soy el padre «Autoritario«, no demuestro mucho afecto, por temor a perder validez y respeto.
La idea en esta ocasión, es que por medio de una metáfora del «Menú Saludable«, cada uno de ustedes, con su pareja e hijos, construyan la «Receta» que les funciona mejor como familia, ¿qué ingredientes le pondrían? ¿cuánta dulzura? ¿cuanto picante? ¿qué cantidades o cucharadas de agridulce? Reconocer el balance saludable de sus familias para actuar en coherencia y que todos sean partícipes de un lenguaje de amor, limites, respeto, dulzura, un toque picante y muchas sonrisas!
Juanita Pérez, Arte Terapeuta, Co Fundadora Fundación Villa Ananda, Facilitadora Pedagogía Asiri, Certificada en Disciplina Positiva.
Psi. Diana Coronado, Psicóloga, Artista Plástica, Máster en Terapia Familiar Sistémica, Certificada en Disciplina Positiva.
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Los invitamos a ver desde ahora una serie de videos que hemos preparado con Juanita Pérez, Arte Terapeuta y Co Fundadora de Fundación Villa Ananda. Juntas, nos certificamos en Disciplina Positiva para Padres y Maestros desde el 2014, y desde hace más de 6 años hemos trabajado con familias en contexto terapéutico. Somos grandes amigas desde la Universidad y fieles creyentes de la labor en colaboración, con y hacia las familias.
Estamos trabajando ahora, para entregarles información que pueden nutrir sus dinámicas familiares y personales, acogiendo lo que consideren, ya que sabemos y somos conscientes que cada quien es un ser individual y construye sus experiencias desde su propia historia y creencias. Este es un espacio que hemos denominado «Construyendo Diálogos« con familias, porque si bien les hablamos a ustedes, estamos abiertas a sus comentarios y percepciones, y adicionalmente estaremos haciendo unos «Life» en Instagram y Facebook para poder conversar.
En esta primera ocasión les queremos hablar sobre la pregunta de ¿Mis hijos antes que mi pareja, o mi pareja antes que mis hijos?
Al tener hijos, solemos pensar en ponerlos en primera instancia porque es el mandato familiar, sin embargo, desde la experiencia, nos hemos dado cuenta que esto NO debe ser así, debe haber una escala de cuidado para que sea funcional, armoniosa, asertiva, si no, ¿por qué en los aviones la instrucción es ponerse primero la máscara de oxígeno el adulto antes que el niño? Esto no es antagónico del sentido del cuidado al otro, es todo lo contrario, si no aseguro mi supervivencia, ¿quien cuida entonces de mi hijo? De hecho, la mayoría de personas que acuden a sesiones de terapia por razones de síntomas de ansiedad, angustia, depresión, o trastornos de personalidad, es precisamente por no cuidarse a sí mismos, por haberse olvidado que nutrir su bienestar y ponerse al final de su propia escala de cuidado.
En este sentido, nisiquiera pensar en mi pareja antes es funcional. En realidad la escala de cuidado debe ser primero YO, me conecto conmigo mismo, con mis necesidades, con mi espiritualidad; Segundo, me conecto con el otro, en este caso, con mi pareja, entro en una dinámica de escucha, de acuerdos, de rutinas y trabajo en equipo. En tercer lugar, me encuentro con mi hijo, para apoyarlo en equipo con mi pareja, le entregamos a nuestro hijo desde el ejemplo del respeto, del amor, del los limites con firmeza y amabilidad, no antes. Y finalmente, me encuentro con mi trabajo, para entregar desde lo que aprendo de mí misma, nutriendo mis dinámicas relacionales y sacando adelante los diferentes contextos que me hacen el ser que soy.
Y no olviden las diferentes formas de amar para entregar en conexión con los otros!
Juanita Pérez, Arte Terapeuta, Co Fundadora Fundación Villa Ananda, Facilitadora Pedagogía Asiri, Certificada en Disciplina Positiva.
Psi. Diana Coronado, Psicóloga, Artista Plástica, Máster en Terapia Familiar Sistémica, Certificada en Disciplina Positiva.
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«Había una vez….mi historia…mi historia de dinosaurios que corrían por un desierto y piscinas de Coca-Cola…una piscina oscura a la que les daba miedo entrar porque no se veía qué había adentro«… Diego, 5 años.
Hoy les quiero compartir información de una de mis terapias favoritas, la Terapia Narrativa de Michael White y David Epston, Trabajador Social Australiano y Antropólogo de origen Canadiense, quienes empezaron a construir la idea de «problema» alejado de la persona, en otras palabras, la externalización, que es lo que personalmente, me gusta trabajar más con los niños. No hay culpables, lo importante es entender cómo cada miembro de la familia se relaciona o influencia ese problema.
En el caso que les cuento arriba, Diego, de 5 años, le teme a la oscuridad, una oscuridad reflejada en una piscina de gaseosa, pero, ¿qué más cuenta Diego acerca de cómo los dinosaurios manejan su temor a esa piscina? los dinosaurios en este caso, son el sujeto que lo proyecta a él, y quizás la historia pueda terminar con un miedo resuelto! Cómo los dinosaurios son su red social y cómo ésta influencia puede redirigir hacia un nuevo sentir alejado del miedo a la oscuridad!
Todos estamos inmersos en una cultura, en un contexto, lo que a la vez desarrolla cierto tipo de acciones y relaciones. Somos producto de la interacción con el medio y de una negociación interpersonal en éste. Y si somos parte de una historia en un contexto, podemos organizar nuestras propias experiencias de manera narrativa en ese medio, con secuencias temporales, con significados y finales dentro de ese entorno que contamos.
Es por eso, que la Terapia Narrativa es un proceso de conversación, en donde los terapeutas y los consultantes son co-constructores de nuevos significados, de nuevas historias, de nuevas formas de ver la vida, por tanto, de nuevos significados. Esta terapia, crea una forma tangible de resignificar nuestra propia historia y ser partícipes en esa transformación, en esta terapia, hacemos la búsqueda de soluciones narrando el mismo problema desde otra perspectiva.
Es así como las premisas de esta terapia se hacen tangibles:
Como ves, es una terapia que potencia el discurso de las personas para darle un nuevo significado, un significado funcional para lo que las personas están viviendo, significados que no siempre son vistos por quien los cuenta, pero que sin saberlo, es el mismo consultante, el que es dueño de la respuesta y la solución en su relato! Los terapeutas, en este tipo de terapia, somos guías en la secuencia de episodios escogidos por la persona para hacer su relato, historia de identidad, historia quizás inicialmente saturada de problemas, pero que al final, cobra un reverso en su historia para darse cuenta de sus recursos a partir de ello!
Les quería contar un poco de este tipo de terapia, porque muy pronto les estaré dando novedades sobre un tipo de intervención que estoy iniciando con niños, con pautas de la terapia narrativa y principios pedagógicos de Reggio Emilia, un enfoque hermoso que permite ver al niño desde la escucha activa, creando sus propias nuevas historias de lo que vive…pronto les contaré!
Referencias bibliográficas
López De Martín, Silvia Roxana (2011). Terapias breves: la propuesta de Michael White y David Epston. III
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El chico se llamaba Alfonso y acudía hacía varios meses al hospital día. Padecía de esquizofrenia y no hablaba mucho, pero tenía esa sensibilidad especial para comprender las cosas de las personas que lo han pasado mal en algún momento de su vida. En una de las terapias de grupo, un paciente se quejaba de una recaída en los síntomas depresivos:
“No sé qué es lo que pasa. Si ya me encontraba bien. ¿Por qué de repente vuelvo a tener ganas de llorar, me cuesta levantarme por las mañanas…? ¡No lo entiendo! ¡No es justo!”.
Los demás se esforzaban en quitarle importancia: “No te preocupes, es un pequeño bajón ya verás cómo enseguida se te pasa…”. Pero fue Alfonso el que dijo algo distinto:
“Si estás mal, es porque vas bien… –Todos se quedaron un poco sorprendidos. Y entonces siguió.– Siempre que mejoras en algo hay un momento en el que das un paso atrás. Retrocedes. Es normal. Es lo que yo llamo el retroceso del progreso. Significas que estás haciendo las cosas bien, que sigues mejorando”. Y luego volvió a su silencio habitual.
Esta semana llamó Laura. Estaba llorando, porque le habían vuelto a dar una crisis de ansiedad. Llevaba varias semanas sin que le sucediera y se ha asustado pensando en que recaía de nuevo. La crisis había sido corta pero había tenido un fuerte impacto en ella. Significaba que aunque pensaba que iba mejor, no era cierto y que volvía a estar como al principio del tratamiento.
Se quitó importancia, como se hizo entonces en aquella terapia de grupo, pero en ese momento las palabras de Alfonso volvieron a la memoria y salieron de manera natural con ella:
“Laura, si has recaído un poco es que las cosas están yendo bien. Cada vez que mejoramos hay altibajos, pequeños baches o recaídas, llámalo como quieras. Es una parte natural e imprescindible de crecer, de desarrollarnos. Y aunque nos asuste, tan solo significa que las cosas están progresando. La crisis que has tenido ha sido más pequeña y has sabido controlarla muy bien. No le des un valor que no tiene. Acéptala como un paso más en el camino para seguir adelante.”
Y a Laura le han servido más estas palabras de aceptación, que todo el consuelo que se le ofrecía antes.
Por supuesto que hay situaciones en las que recaemos en una enfermedad, en un comportamiento negativo para nosotros (como puede ser una adicción) o en cualquier otra circunstancia, y debemos darle toda la importancia que tiene. No hablamos ahora de eso.
Hablamos de que en todo proceso de mejoría o crecimiento hay altibajos, nunca es una línea ascendente. Esos “baches” son naturales y casi se diría que necesarios.
Siempre recuerdo a mis pacientes que van mejorando:
En algún momento vas a recaer un poco. Cuando llegue, no te asustes. Acéptalo y piensa, “así que aquí está el pequeño bache. Reaparecen un poco los síntomas o los comportamientos que una vez estuvieron conmigo. No pasa nada, ya lo esperaba. Es… el retroceso del progreso”.
A veces los síntomas que una vez estuvieron con nosotros tan solo se asoman un poco para despedirse, antes de que los dejemos atrás para siempre…
Dr. Iñaki Vásquez
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¿Cómo aportan los Talleres de Psicología a las Familias?
El auge de los talleres de psicología en la actualidad, no es algo casual, ya que son otra herramienta que empiezan a utilizar los psicoterapeutas dentro de las sesiones, sirviendo como complemento al proceso de cada familia. Con la ayuda del grupo, las personas retroalimentan experiencias, normalizan eventos y amplían la mirada respecto a distintas situaciones. El compartir inquietudes con otras personas crea la sensación de acompañamiento frente a una preocupación, se responden preguntas que otros tienen y que quizás puedan ser propias también, además, empodera a los participantes a aportar en la circunstancia específica de alguien, fortaleciendo su sentido pro-social y su autoestima. De esta forma, pese a no ser encuentros sociales, la interacción social que implica un taller de psicología donde se configuran intereses y preocupaciones similares, suelen generar sentido de compañerismo entre los participantes, ampliando redes de apoyo y contribuyendo nuevamente a su bienestar psicológico.
Algo importante a resaltar, es que si estás buscando la asesoría de algún psicoterapeuta, pero no te atreves a iniciar un proceso como tal, los talleres son una buena manera de entrar en contacto con el psicólogo. Dar inicio a sesiones de terapia es un paso importante para las personas, y en ocasiones es complicado, por eso, este primer acercamiento te ayuda a ver la perspectiva del profesional, así como observar si hay empatía con su trabajo y la manera como aborda los temas.
Adicionalmente, los talleres de psicología son espacios en donde un profesional brinda herramientas útiles y recomendaciones para el día a día en las relaciones humanas, aportando formas asertivas para el manejo de dificultades. Su objetivo y finalidad entonces, es que las personas empiecen a poner en práctica y replicar estas herramientas para mejorar la situación de vida que les ocasiona malestar. Por esto, si tienes alguna inquietud o preocupación, el iniciar con espacios como éstos es una muy buena opción!
Psi. Diana Paola Coronado Muñoz Terapeuta Familiar.
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