Seguramente haz tenido oportunidades con tu hijo en las que te encuentras insistiendo fuertemente sobre ciertas órdenes, presionándolo, e incluso llegas a verte enojado con él o ella porque no comprende lo que le solicitas, o no accede a hacer lo que le pides. En esos momentos, ¡haz un alto! ¡Mírate! ¿Qué es lo que está pasando realmente? ¡Revísate! Seguramente hay una parte de tu historia personal que se esté viendo reflejada en tu relación con tu hijo y es algo que intentas resolver a través de él o ella… es ¿tu vida o la de tu hijo?
Por lo general los padres, suelen proyectar sus propias necesidades y deseos hacia sus hijos. Es algo natural y no necesariamente algo negativo. Es bueno tener buenos deseos y expectativas sobre nuestros hijos, el problema es cuando ya se convierte en una “necesidad personal” y no porque realmente estemos pensando en el bienestar individual de él o ella, y lo que es peor, ¡suele convertirse en una carga absolutamente pesada para ellos!
Quizás te has escuchado en alguna oportunidad diciendo:
“¡No puedes ser del montón!¡Tienes que ser el mejor…”
“Tú eres muy afortunado yo no tenía tanto como tú ahora, así que aprovéchalo.”
“¡Por qué te demoras tanto en eso!
“¡Los hombres no lloran! ¡Por qué eres tan sensible!”
“¡Así no sirve!” “¡Cuándo aprenderás!
En esos momentos en los que te observes haciendo algo similar, haz un alto:
1. Pregúntate: ¿De quién es la voz que habla? ¿Vendrá de tu historia personal? ¿Qué estoy sintiendo respecto a eso y qué dice eso a mí? ¿Será un tema que no he resuelto antes en mi vida? ¿Quién es el que habla por mí?
2. ¡No otorgues cargas! Retira peso que es tuyo y que ¡no le corresponde a tu hijo! Si sientes frustraciones, trabájalas en ti, no las proyectes sobre quien no quiere recibirlas. Si no has hecho algo que quisieras, prográmate, ¡hazlo! O reflexiona y entiende por qué no lo hiciste y ¡acéptalo!, pero no hagas responsables a los demás. ¡La vida de tu hijo no es tu vida!
3. La distancia es importante. Existe una distancia que vincula, una distancia en la que le demuestras a tu hijo que confías en él o ella, en la que sabes que va a estar bien y en la que él o ella sabe que puede contar con tu apoyo y compañía, y que no le vas a fallar. Una distancia en la que lo dejas “ser” con tranquilidad y autonomía, y en la que no te va a fallar! Ellos tienen sus propios sueños, aspiraciones, deseos…confía y apoya!
Y tu papá, mamá… ¿Cuál es tu sueño?
Psi. Diana Paola Coronado M. Terapeuta Familiar.

