Ésta suele ser una herramienta poco asertiva para que los niños no hagan algo, por lo general no funciona decir «no» a nuestros hijos. Por ejemplo en tu caso, si digo “¡no piensen en un gato negro!” ¿En qué pensaste? ¿Qué imagen se formó en tu mente en primer lugar? ¿Cuál habrá sido mi nivel de éxito de 10 personas que lean esto? ¿cuantos habrán ya logrado sacarse el gato negro de sus cabezas?
Mi objetivo es que no piensen en un gato negro… que piensen en cualquier otra cosa… no sé… en una «flor naranja”
Ahora les pido “Piensen en una flor naranja, imaginen sus grandes pétalos, a qué olerá?, miren sus hojas sedosas… etc. ¿En qué pensaste? ¡Estoy convencida que logré mi objetivo!
Así funciona la mente con las frases en negativo, primero crea la imagen de la frase obviando el “no” y luego piensa qué otras alternativas tiene para reemplazarla.
Así, cuando nos dicen “NO pienses en un gato negro”, la mente primero piensa en el gato negro y luego recorre entre varias alternativas “¿será que pienso en un gato azul? ¡No! ¡Muy loco! Mejor un gato blanco… y si no pienso en el GATO NEGRO… sino ¿en un perro negro?…” y en el recorrido puede que se decida por una alternativa o que lo vea muy complicado, se rebele y se quede con la imagen del GATO NEGRO.
Estamos hablando de cerebros formados y que además están interesados en la lectura y concentrados en ella, así que vayamos a saber cómo será el proceso de un niño pequeño, cuyas conexiones cerebrales están en proceso, que no está concentrado en lo que decimos y que su interés puede diferir del nuestro.
Teniendo esto en cuenta, si estamos en un ascensor y necesitamos que nuestro hijo NO SALTE, ¿qué podríamos decirle para asegurar nuestro éxito? ¿Al menos asegurar nuestro éxito de que el mensaje le llegue?
En vez de decir “No saltes”, podríamos decir “Vamos a acuclillarnos” o “¡Estatua!” o “Ven yo te cargo en mis brazos”.
Así pues… Practiquen sus frases en positivo… ¡la práctica hace al maestro!
Fuente: ladisciplinapositiva.org

