Más allá del indicador de la edad, hay ciertas formas de relacionarse en familia que nos hacen saber que tenemos un adolescente en casa. Por ejemplo, ¿alguna vez se percató que su hijo o hija no quería ser visto con usted en la calle y al día siguiente lo ve abrazándolo amorosamente para pedirle un favor? ¿O acaso se dio cuenta que tenía un adolescente cuando descubrió que “ignorante” o “fastidioso” era su nuevo apodo?
De la misma manera, se dará cuenta cuando reflexione sobre su sentir y se escuche quejándose con frases como: “No tiene remedio”, “No escucha nada de lo que le digo”, “Solo se ocupa de sus amigos o de perder el tiempo”, “No sabe ni dónde está parado”, “No sabe lo que quiere”, “No soporto su nuevo peinado, la manera como se está vistiendo, la música que escucha”, “No valora el dinero, lo malgasta”, “Me trata como si no existiera”. O finalmente, escucha a su hijo diciéndole: “Me tratan como si fuera un niño”, “No confían en mí”, “Tratan de vivir mí vida, sólo quieren controlarme”, “Nunca están satisfechos”, “¿Por qué no me dejan en paz?”
Quizás no todas las frases apliquen para su caso particular, pero al menos ha escuchado algunas de las anteriores, o se ha visto quejándose con el sentir de algunas. Cabe aclarar que no todos los adolescentes son iguales, viven experiencias diferentes y han tenido historias de vida distintas que los hacen a la vez reaccionar en base a esto.
A menudo los padres ven a sus hijos adolescentes y les invade un sentimiento de impotencia, o frustración, no saben qué desean sus hijos, cómo acercarse a ellos, cómo hablarles. Es posible que se sienta entonces desorientado, perdido, incluso enojado. Sin embargo, si usted pudiera simplemente tomar aire y recordar que es este el momento en que los seres humanos están intentando descubrir lo que piensan, y lo que sienten, podría darse la oportunidad de disfrutarlos desde su esencia, no desde sus falencias. Si se enfoca en esta nueva actitud de curiosidad hacia ellos, en lugar de imposición y desconfianza, aprenderá a ser guía para la vida, no de represión por una acción momentánea.
Algo importante a rescatar es que si usted se queda bajo la idea que sus hijos adolescentes continuarán comportándose de esta manera el resto de sus vidas, cargará consigo, una gran ansiedad que no lo llevará a ningún lado, y más aún, es claro que sus hijos actúan así es porque no han terminado de crecer, se encuentran en su periodo de individualización, y por lo mismo es ¡algo temporal! Y durará el tiempo que tarden en descubrir quiénes son, qué quieren para sí mismos, y cómo pasar a una edad adulta.
Conforme sus hijos atraviesan de la niñez a la adolescencia, y de ésta a la adultez, su tarea será esa individualización, en otras palabras, necesitan saber qué tan distintos son del resto de los miembros de su familia, cómo se sienten sobre ellos, qué piensan de las cosas del mundo, de las personas, fortalecer sus criterios y sus propios valores. Por eso papás, no nos quedemos con la perspectiva negativa del adolescente, seamos guías con amabilidad, firmeza y basándonos en un respeto mutuo y escucha.
Psi. Diana Paola Coronado M., Terapeuta Familiar.

